A ti te digo
cantor de plazas, calles, fábricas,
sindicatos, cárceles hospitales, y mercados
también de aquellos
lugares
en donde se forma
el temple del alma
en las universidades,
colegios y escuelas
cantor de mí
pueblo, a ti que pones mi sangre en celo
a tí que me has
hecho temblar la piel y el alma
y has plantado primaveras en el invierno de mi vida
a ti que
cantas para él, para ellos y ellas, paras sus manos
“que ayudan a
cambiar de rostro los esquemas”
no te escondas de
mí porque no hay un lugar ni ser en el planeta
que no sepa de mí,
de mi nombre y de mis huellas,
porque yo soy el
viento, soy el aire que respiras
soy la tinta que te corre por las venas.
Juro que te encontraré
aún debajo las piedras
porque ellas saben tu nombre y conocen tu esencia
yo sé que nunca
morirás y seguirás con las notas de tu alma
cantando aunque
hayas perdido a amarantha
y lo harás con la
fuerza del alma, con tu temple y tu entereza
con tu voz y la
euforia que te puebla el alma
“clamando porque
cambien los sucesos y el orden transgredido”
no te escondas de
mí porque ya te cruzaste en mi camino
e inquietaste mi
alma, juro que saltare
de letra en letra
hasta encontrarte,
aunque en mi
trabajo hayas dicho que no quieres verme.
Asoreth

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