miércoles, 1 de febrero de 2017

¡No!, ¡no eras Tú!,







¡No!, ¡no era yo!, ¡no era mi poesía!
Eran tus salvajes e indómitos  ojos de cielo constelado
y  era el timbre de tu voz de mimo impregnados
en el filo punzante de la noche

¡No!, ¡no era mi herida!, ni los  besos
que quedaron colgados en la comisura  temblorosa de tus labios,
¡era la huida de ti, de tu ternura,  de tu candor!,
era tu afán de represalia , lo que laceraba mi alma

¡No!, ¡no eras Tú!, ¡no era el cantor!
era tu espíritu encabritado, extraviado,
trepando como hiedra,  en medio de la obscuridad de noche,  
abriendo un surco de fuego en mis entrañas

¡No!, ¡no eras Tú!, ¡no era el niño
que encontré en tus pupilas, al que amo!
Y  fue mi entereza  la que doblegó la castidad de tus sentidos
y  te llevaron al límite y el amanecer enajenado   lastimó el brillo de los astros
y cambió el sentido de la lluvia

Asoreth

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