Y amaneció mayo entre tus ojos de fiesta,
¡Mi pequeño gorrión, quien te viera!,
entonando tus notas del niño caníbal
con tu alma proclive a la luz de tus fantasías
y sueños
nervioso con el viaje de gorrión emprendido,
con tu alma llena de esperanzas y también
de utopías,
¡ay amor!, quien te viera,
cuando abrías tus labios llenos de palabras
de amor
al descubrir su historia y encontrarte con Zeus, Apolo,
y con la Ninfa del Nilo, en el Louvre,
como si elevaras una plegaria apoyado en el
muro,
¡ay amor! dices que debiste regalarme una lágrima,
sola una, del Sena de tus ojos,
del trocito de cielo constelado que hay en
ellos;
de tu barco con su mirada triste apuntando
a mi muelle
y de ése silencio bullicioso del polen
milagroso de abril
que pudimos ver como si fuera un milagro
cuando la primavera apareaba a la tierra
y jugaba con mis alas y mi luz recién incorporada a tus ejércitos,
recibí París de entre tus manos e hice con
ella,
polen de Luna en mi cabello y la até a mi
almohada
para que los seres de tus sueños y mis
sueños
puedan volar tomados de las manos
hacia el vértice del cielo; ¡Ay amor quien
te viera!

No hay comentarios:
Publicar un comentario