miércoles, 11 de mayo de 2016

En un campanario









Me has dicho que me llevaras al Ejido o a la Alameda,
que sé que por años han sido cómplices y testigos de
la pasión y bondad de tu arte, para que agite el mar de tus pasiones
y de tus ansias infinitas y juntemos nuestras  inquietas  aguas

Y yo te he propuesto que toquemos la arena
donde la semilla germina, en la torre de una iglesia,
en su campanario, para estar cerca del cielo,
o, debajo del puente donde construimos nuestro  nido

pero qué importancia tienen el sitio,
lo que importa es el amor que sentimos por dentro
que nos permitirá embriagarnos
del néctar de los besos,

y a acelerar el palpitar de las emociones más sentidas
en la cabalgata que tiene el ritmo cadencioso y misterioso
de las campanas celestiales de una ciudad dormida en el tiempo

y entregar sedienta el misterioso vientre
al tulipán que se erige para exhalar el rocío
cautivo en sus interiores. Amor, no. no mi ser no se resíste
solo acata el llamado de la vida para yacer, gozar y morir contigo

Asoreth


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