Amor, ese esplèndido mal que ya no tengo,
la infancia perdida de color de bronce,
regresa con fuerza en ocasiones
y se queda como un nudo atado
a mis pupilas.
¿Será por eso que las sombras
que albergan en la inmensa desnudez del
cielo
quieren quedarse asidas al borde de mi angustia?
Y ese silencio incomprensible de la
noche
se hace tan grande y percibo como duele
ese vacío
y el paso de las horas, como un murmullo
de aves en cautiverio
Y se esconden mis palabras no nacidas,
y emerge la mañana y la paz junto a tu piel y el pan que abrimos juntos,
¡Qué extraño es todo lo que ahora me rodea!
Asoreth

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